Es un día para abrir el corazón al perdón, para dejar atrás lo que nos divide y volver a tejer relaciones desde la reciprocidad. En la cruz aprendemos que amar también es servir, incluso en el silencio, en lo sencillo, en lo cotidiano.
Que este día nos recuerde que el verdadero camino se construye con gestos de amor, con manos dispuestas a servir y con corazones que saben perdonar.
Sigamos caminando juntos, como familia, siendo luz y esperanza para los demás.
